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Dios llama, ¿cómo responderá?

hace 23 horas
3 min de lectura

Escucha que alguien toca a la puerta. Abre y encuentra a Dios diciéndole… “Ven y sígueme…” (Está bien, probablemente Dios no tocará literalmente a su puerta, pero todos sabemos que sí nos llama).


Mientras Dios continúa revelando su voluntad para su vida, usted piensa: “Este no es un buen momento para recibir este llamado. Tengo un negocio que atender y necesito trabajar. Debo alrededor de $10,000 en tarjetas de crédito; acabo de comprar un auto nuevo y tengo una hipoteca que pagar. ¡No puedo simplemente dejarlo todo e irme!”


Cuando las obligaciones financieras dificultan decirle sí a Dios

Usted no está solo. Muchas personas viven una situación similar, y los católicos no somos necesariamente diferentes al resto de la población.

Si Dios llegara hoy y le pidiera dejarlo todo para seguirlo, ¿tendría que responder “no” debido a sus obligaciones financieras?


Con frecuencia, nuestra capacidad para responder al llamado de Dios está directamente relacionada con nuestra situación económica, especialmente cuando se trata de las deudas.


Por eso, la administración financiera católica es importante: nuestras decisiones económicas pueden aumentar o limitar nuestra libertad para responder al llamado de Dios.


¿Qué dice la Biblia sobre las deudas?

La Biblia nos invita claramente a ser prudentes con las deudas. Romanos 13, 8 dice: “Con nadie tengan otra deuda que la del mutuo amor.” Y en Proverbios 22, 7 aprendemos: “El rico domina a los pobres, el deudor es esclavo de su acreedor.”


Si usted no siente que es esclavo de una deuda, intente dejar de pagar una cuota de su hipoteca, el préstamo del automóvil o la tarjeta de crédito. Estos principios bíblicos sobre las deudas nos invitan a examinar no solamente cuánto debemos, sino también cómo nuestras decisiones financieras afectan nuestra libertad y nuestra relación con Dios.


¿Estamos cambiando nuestros hábitos financieros o solamente reaccionando?

En momentos de incertidumbre económica, es común escuchar que las personas comienzan a ahorrar más y gastar menos. Pero surge una pregunta importante: ¿se trata realmente de un cambio permanente o simplemente de nuestro instinto natural de autopreservación? ¿Volveremos a los mismos hábitos cuando la situación económica mejore y resurja nuestro deseo de tener más cosas?


Tal vez, en lugar de ser únicamente una reacción inmediata frente a una situación financiera difícil, los problemas económicos pueden convertirse en una oportunidad para vivir una experiencia de conversión.


La verdadera conversión significa volver nuestro corazón y nuestra mente hacia Dios. En Isaías 55, 8, Dios nos recuerda: “Porque no son mis pensamientos sus pensamientos, ni los caminos de ustedes son mis caminos - oráculo de Yahvé-.”


La administración financiera católica es una forma de vida

Como administradores de los recursos con los que Dios nos ha bendecido, debemos ser prudentes con nuestros gastos no solamente cuando atravesamos una crisis económica, sino como respuesta a su llamado a administrar bien todas las bendiciones que ha puesto en nuestras manos.


La administración cristiana no consiste simplemente en gastar menos. Significa administrar el dinero con propósito, gratitud y responsabilidad. Nuestra sociedad no siempre considera que la forma en que manejamos nuestro dinero tiene un impacto directo en nuestra vida espiritual.


Como católicos, no solamente debemos reconocer esa relación, sino también actuar de acuerdo con ella y vivir nuestras vidas recordando las palabras de Marcos 8, 36:

“Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?”


Fe, finanzas y conversión

Los momentos de dificultad económica pueden convertirse en oportunidades de conversión. Cambie sus hábitos. Piense en el futuro.


Estamos llamados a actuar de manera diferente al resto del mundo.

Estamos llamados a reflejar su luz.

Estamos llamados a marcar una diferencia.

Estamos llamados a ser su presencia en el mundo.


Y nuestra situación financiera, especialmente cuando estamos cargados de deudas, puede dificultar nuestra capacidad de responder plenamente a ese llamado.

Biblia abierta, calculadora y documentos financieros que representan la fe, las deudas y la administración responsable del dinero. Con el texto "Aquí estoy, Señor. Iré donde Tú me guíes."

La libertad financiera para responder al llamado de Dios

Ahora imagine una situación diferente. Escucha que alguien toca a la puerta. Abre y escucha a Dios decirle:

“Ven y sígueme…”


Mientras Dios continúa revelando su voluntad para su vida, su respuesta es una aceptación llena de entusiasmo:

“Aquí estoy, Señor. Iré donde Tú me guíes.”

 
 
 

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